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La inteligencia artificial abre nuevas brechas: Uruguay enfrenta el desafío de no quedar atrás

La inteligencia artificial está generando una nueva carrera tecnológica entre países, pero también nuevas diferencias dentro de cada sociedad. Mientras algunas economías cuentan con enormes recursos para invertir en infraestructura, investigación y desarrollo de modelos propios, otras deben buscar estrategias para no quedar relegadas.

Uruguay enfrenta ese escenario desde una posición particular: no puede competir con las grandes potencias por volumen de inversión, capacidad de cómputo o recursos económicos, pero cuenta con una infraestructura digital desarrollada, conectividad extendida, legislación sobre datos personales y una estrategia nacional específica para inteligencia artificial.

El desafío comienza a desplazarse entonces hacia una cuestión diferente: cómo conseguir que esa infraestructura y esas tecnologías puedan ser aprovechadas por toda la población y no solamente por quienes tienen mejores recursos o mayores conocimientos digitales.

La nueva brecha no es solamente de conectividad

Durante años, uno de los principales objetivos de las políticas de inclusión digital fue conseguir que las personas tuvieran acceso a internet.

Uruguay avanzó considerablemente en ese terreno. La expansión de la fibra óptica permitió llevar conectividad de alta velocidad a buena parte del territorio nacional, reduciendo una de las barreras tradicionales de la brecha digital.

Pero la llegada de la inteligencia artificial está cambiando el problema.

Tener conexión ya no garantiza tener las mismas oportunidades.

Una persona puede disponer de un teléfono con acceso a internet y, sin embargo, utilizarlo principalmente para redes sociales, entretenimiento y mensajería, mientras otra persona utiliza una computadora para estudiar, trabajar, programar, crear contenidos, analizar información o utilizar herramientas de inteligencia artificial.

La diferencia, por lo tanto, ya no está solamente en estar conectado, sino en qué se puede hacer con esa conexión.

La diferencia entre tener un celular y tener una herramienta de trabajo

Esta situación adquiere especial relevancia cuando se observa el nivel socioeconómico de los hogares.

En los sectores de mayores ingresos es más frecuente encontrar computadoras personales que pueden utilizarse para actividades educativas, laborales y productivas.

En los hogares de menores ingresos, en cambio, el teléfono celular puede convertirse en el principal dispositivo de acceso a internet.

Aunque ambos usuarios tengan conexión, las posibilidades no son necesariamente equivalentes.

Una pantalla pequeña, un teclado limitado, menos capacidad de almacenamiento o la ausencia de una computadora pueden dificultar determinadas tareas educativas y laborales.

Esto resulta especialmente importante en una etapa en la que la inteligencia artificial empieza a incorporarse precisamente a actividades como programación, análisis de datos, generación de contenidos, investigación, diseño y trabajo administrativo.

La pregunta deja entonces de ser simplemente “¿tiene internet?” y pasa a ser “¿tiene las herramientas y los conocimientos necesarios para aprovechar internet?”

La brecha generacional también aparece con la IA

Los datos de la EUTIC 2024 muestran otra diferencia significativa.

El uso recurrente de herramientas de inteligencia artificial es mucho mayor entre los jóvenes que entre las personas mayores. Según los datos difundidos a partir de la encuesta, el 75% de las personas de entre 15 y 29 años utiliza recurrentemente herramientas de IA, frente al 6% entre quienes tienen más de 60 años.

La diferencia es suficientemente grande como para plantear un desafío de política pública.

Si la inteligencia artificial se convierte progresivamente en una herramienta habitual para estudiar, trabajar y acceder a información, quienes no desarrollen esas capacidades podrían quedar en desventaja frente a quienes sí las incorporen.

La brecha digital, de esta manera, puede transformarse en una brecha de capacidades.

El problema también existe entre países

La dimensión internacional agrega otro desafío.

Estados Unidos, China y otras grandes economías disponen de recursos financieros y tecnológicos que están fuera del alcance de países pequeños como Uruguay.

El desarrollo de modelos de inteligencia artificial de frontera requiere enormes inversiones en centros de datos, procesadores especializados, energía, investigación y talento.

Para un país pequeño, intentar competir en volumen con las grandes potencias no parece ser la única estrategia posible.

Otra alternativa consiste en construir condiciones para desarrollar aplicaciones, servicios y soluciones específicas, aprovechando la infraestructura existente, el talento local, la calidad institucional y determinados sectores en los que Uruguay posee capacidades propias.

En ese contexto, contar con reglas claras y protección de datos puede convertirse en un elemento relevante para atraer proyectos y generar confianza.

Uruguay busca construir una base propia

El país cuenta con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2030, que establece objetivos relacionados con gobernanza, capacidades, innovación y desarrollo sostenible.

A esto se suma una tradición institucional vinculada a la protección de datos personales y al desarrollo de políticas de gobierno digital.

La cuestión de los datos adquiere particular importancia en la era de la inteligencia artificial.

Los datos son uno de los principales insumos de la economía digital y su utilización plantea preguntas sobre privacidad, seguridad, almacenamiento y soberanía.

Por eso, el desarrollo de infraestructura dentro del país puede adquirir una importancia estratégica.

Data centers e infraestructura para IA

Antel está avanzando en nuevos proyectos de infraestructura vinculados con computación e inteligencia artificial.

La empresa anunció una inversión de US$ 70 millones para un nuevo data center y también informó inversiones destinadas a incorporar capacidad específica para inteligencia artificial en su infraestructura existente.

Además, Antel y Google Cloud acordaron implementar infraestructura de nube distribuida en Uruguay, permitiendo que determinadas cargas de trabajo puedan ejecutarse sobre infraestructura localizada en el país.

El objetivo es ofrecer capacidades de nube y procesamiento manteniendo determinados datos y servicios dentro del territorio nacional.

Para un país pequeño, contar con infraestructura de este tipo puede ser importante no solamente desde el punto de vista tecnológico, sino también para sectores que necesitan garantías sobre dónde se procesan y almacenan sus datos.

Una carrera en la que Uruguay no puede competir solamente con dinero

El desafío internacional es evidente.

Uruguay no dispone de los recursos financieros de las grandes potencias tecnológicas y tampoco tiene una población comparable con la de los grandes mercados.

Pero existen otros factores que pueden resultar relevantes: conectividad, estabilidad institucional, formación de talento, infraestructura tecnológica, protección de datos y capacidad de generar políticas públicas sostenidas en el tiempo.

La cuestión será transformar esas condiciones en oportunidades concretas.

No se trata necesariamente de desarrollar un modelo de inteligencia artificial capaz de competir con los sistemas más grandes del mundo.

También puede tratarse de desarrollar aplicaciones específicas para salud, educación, administración pública, empresas, producción, investigación y servicios.

De la brecha de acceso a la brecha de uso

La evolución tecnológica plantea así una paradoja.

Uruguay puede conseguir que prácticamente toda la población tenga acceso a internet y, aun así, mantener importantes diferencias digitales.

Una persona que dispone de una conexión de fibra óptica y una computadora puede utilizar internet de una manera completamente diferente a otra que solamente tiene un teléfono celular.

Del mismo modo, dos personas que poseen el mismo teléfono pueden obtener resultados completamente diferentes si una sabe utilizar herramientas de inteligencia artificial y la otra no.

Por eso, la próxima etapa de la inclusión digital no parece estar únicamente relacionada con instalar más infraestructura.

También requiere formación, alfabetización digital y capacitación en inteligencia artificial.

El desafío de que nadie quede atrás

La expansión de la inteligencia artificial puede generar oportunidades importantes para Uruguay, pero también puede profundizar desigualdades existentes si su utilización queda concentrada entre quienes ya tienen mayores recursos económicos, educativos y tecnológicos.

La conectividad sigue siendo fundamental, pero ya no es suficiente.

El próximo desafío consiste en que estudiantes, trabajadores, adultos mayores, pequeñas empresas y personas de distintos niveles socioeconómicos puedan comprender y utilizar estas herramientas de manera segura y productiva.

La discusión sobre inteligencia artificial, por lo tanto, no es solamente tecnológica.

Es también educativa, económica y social.

Uruguay ya construyó buena parte de la infraestructura necesaria para conectarse. Ahora comienza una etapa diferente: lograr que esa conexión permita acceder a las mismas oportunidades en una economía cada vez más atravesada por la inteligencia artificial.

Pablo Pena
Pablo Penahttp://www.pablopena.com
Digital Publisher y editor de Código News. Mi trabajo consiste en descubrir, documentar y compartir historias de personas, empresas y proyectos que merecen ser conocidos.
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