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León XIV en Uruguay: El Desafío de Reencontrar la Fe en el País Más Laico de América

En Uruguay, el 25 de diciembre es oficialmente el Día de la Familia, el 6 de enero es el Día de los Niños y la Semana Santa se llama Semana de Turismo. A ese país llega León XIV el viernes 6 de noviembre, en la tercera visita de un papa después de las dos de Juan Pablo II, en 1987 y 1988. Y la llegada reabre un debate de fondo: la laicidad en Uruguay.

Para entenderlo, Néstor da Costa es una de las voces que más conoce el tema. Doctor en Sociología y Ciencias Políticas, profesor de la Universidad Católica del Uruguay e investigador especializado en sociología de la religión, es coautor junto a Mariana Maronna del libro 100 años de laicidad en Uruguay (Planeta, 2019) y será uno de los expositores en el encuentro del papa con el mundo universitario.

Una visita que trasciende a los católicos

«Desde el primer anuncio de la posibilidad de la visita, se fue extendiendo progresivamente la expectativa, sobre todo en el mundo católico, pero también hacia otros sectores de la población», explicó Da Costa a Vatican News. Para él, la confirmación generó un clima de alegría que va más allá de la comunidad católica. «No es solo un asunto de los católicos», sostiene.

Laicidad en Uruguay: el origen de una rareza

La secularización uruguaya tiene raíces en los siglos XIX y XX. Un país de inmigrantes europeos, influido por el racionalismo y el pensamiento francés, pasó los cementerios a manos del Estado, hizo obligatorio el matrimonio civil antes que el religioso y en 1918 consagró en la Constitución la separación entre la Iglesia y el Estado.

«Había un proyecto cultural de que lo religioso era atraso y sumisión, y había que hacerlo desaparecer de las bases de Uruguay», afirma Da Costa. Ese proyecto cambió el nombre de los feriados y de unos 30 pueblos. «Había que exterminar lo religioso del almanaque, del nomenclátor, de todo. Y ese proyecto caló muy hondo».

Laicidad no es laicismo

El sociólogo distingue los dos conceptos: «La laicidad es un acuerdo para la convivencia; el laicismo es una ideología que persigue que lo religioso desaparezca de lo público». A su juicio, la laicidad en Uruguay es «hija del siglo XIX» y derivó en laicismo, una mentalidad que perdió rigidez pero que sigue presente en algunos sectores.

Lo ejemplifica con la controversia por la cruz de la misa de Juan Pablo II y con un caso cercano: una compañera suya llevó a la escuela pública la estampita de su primera comunión, y se la rompieron y la tiraron a la basura porque se consideraba una violación de la laicidad. «Cuando lo cuento en congresos en el exterior, no me creen», relata.

Orsi: «nos fuimos de mambo»

Da Costa dice que coincide con el presidente Yamandú Orsi. En mayo, en una entrevista con el canal de YouTube Casillero Vacío, Orsi definió a Uruguay como un país «súper laico» y agregó: «Nos fuimos de mambo, me parece. Subestimamos la espiritualidad». Las declaraciones generaron repercusión y opiniones encontradas.

Creer sin pertenecer

Los números muestran una caída sostenida de quienes se identifican como católicos. Pero Da Costa, que investigó a fondo a los creyentes sin afiliación religiosa en Uruguay y en Sudamérica, advierte que eso no equivale a falta de fe: «Hay una cantidad de creyentes que están lejos de las instituciones religiosas, pero que siguen creyendo en Dios».

Lo muestran las multitudes en los santuarios de la Virgen de Lourdes o de la Virgen de los Treinta y Tres. «La piedad popular se manifiesta más allá de los límites de lo que las instituciones religiosas pretenden o quisieran, porque forma parte de la vivencia de la gente». Él lo llama «religión vivida».

El desafío está en la transmisión. Se rompió la cadena generacional de la fe, y la Iglesia se pregunta en todo el mundo cómo hablarle a la sociedad de hoy. En Uruguay se nota sobre todo en los barrios populares, donde casi no hay jóvenes en las parroquias.

«Sin Francisco no hay León»

Para Da Costa, la elección del papa actual no se entiende sin su antecesor. «Hay un antes y un después de Francisco. Sin Francisco no hay León», afirma. En su lectura, la Iglesia venía de un largo período con Juan Pablo II y Joseph Ratzinger, marcado por preocupaciones moralistas, como las conductas sexuales y el aborto, y por la persecución ideológica a teólogos que pensaban distinto. «Francisco llegó y terminaron las persecuciones».

Una laicidad que incluya

Da Costa no propone cuestionar la separación entre Iglesia y Estado. Propone una laicidad que reconozca el aporte de las religiones sin privilegiarlas ni imponer creencias: «Yo te incluyo, creas lo que creas, si estás dispuesto a trabajar por el bien común». Ya hay señales de eso, como la cooperación entre el Estado y las comunidades religiosas en la prevención de adicciones, aunque no está exenta de críticas.

El cardenal Daniel Sturla lo ve en la misma línea. En una entrevista con Búsqueda dijo que «cada tanto sale un resabio del antiguo laicismo, medio trasnochado», pero que en general prima «una laicidad que respeta y permite la fe y las ideas de las personas». Y describió la visita como «una ola positiva» que hay que aprovechar.

Da Costa resume la expectativa así: «Si la venida del Papa León contribuye a una articulación mejor de lo religioso en el seno de la sociedad y a un mayor respeto cultural hacia ello, sería un enorme logro».

Agenda, horarios y cortes de tránsito en nuestra guía: Visita del Papa a Uruguay 2026: Guía Completa con Agenda, Horarios y Cortes de Tránsito.

Pablo Pena
Pablo Penahttp://www.pablopena.com
Digital Publisher y editor de Código News. Mi trabajo consiste en descubrir, documentar y compartir historias de personas, empresas y proyectos que merecen ser conocidos.
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