George Hilton, el actor uruguayo que fue una estrella de cine

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George Hilton, El actor tuvo una carrera importante en Europa, con más de 70 títulos entre películas de cowboys, policiales y de terror. Murió ayer a los 85 años, según informó su esposa. Nacido Jorge Hill Acosta y Lara en Montevideo en 1934.

Hilton integró junto a Franco Nero, Terence Hill y Fabio Testi, entre otros, el universo de estrellas del cine popular italiano surgido a mediados de la década de 1960, y ejemplificado internacionalmente con el giallo (un terror barroco) y el spaghetti western. El uruguayo trabajó en alguno de los títulos más exitosos de esos géneros.

En tiempos en los que el cine italiano, y por extensión buena parte del cine europeo, se imaginó a sí mismo como una sucursal del lejano Oeste con sus tiros y cowboys de ocasión, y el giallo de ese país añadía al crimen psicopático a un escenario de horror a veces rocambolesco, un actor uruguayo integró ese conglomerado de estrellas que hoy son de culto.

Después de una incipiente carrera en Argentina, donde trabajó al servicio de directores prestigiosos como Lucas Demare (Después del silencio) y Fernando Ayala (Los tallos amargos), viajó a Italia, donde debutó en el cine en 1964 con El hombre enmascarado contra los piratas, llegando rápidamente al spaghetti western con Tiempo de masacre, dirigida por el especialista Lucio Fulci en 1966. Ese mismo año protagonizaría su primer giallo, El dulce cuerpo de Deborah. En esos tiempos también fue un James Bond a la italiana en Dos mafiosos contra Goldezenger.

Tenía pinta de galán de Hollywood y su carrera siempre fue por el lado popular, convirtiéndose en uno de los nombres más conocidos del cine italiano. La próxima edición del Festival de Sitges presentará el documental George Hilton – The World Belongs to the Daring, de Daniel Camargo, que repasa su vida.

En Uruguay filmó una sola película, El lugar del humo, de la argentina Eva Landeck, estrenada en 1979. En 2016 se le realizó un homenaje en el Festival de Cine de Punta del Este.

Allí le contó a La Nación que se precisaba para ser un spaghetti cowboy: «Tener un físico acorde, saber andar a caballo, dar puñetazos. Hice boxeo de chico, tener resistencia y soportar la mugre, el polvo y los tiros… pero siempre preferí las comedias como las que hacía Cary Grant».

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