¿Por qué existen los zurdos? La ciencia detrás de una minoría que viene desde hace 500.000 años

Cada 13 de agosto se celebra el Día Internacional del Zurdo, una fecha que existe desde 1976 para visibilizar a un grupo que representa apenas el 10% de la humanidad. Pero detrás de la efeméride hay una pregunta que la ciencia todavía no cierra del todo: ¿por qué existen los zurdos?

Lo curioso es que esta proporción —uno de cada diez— se mantiene estable desde hace al menos 50.000 años. Ningún pueblo, en ningún punto del planeta, fue jamás mayoritariamente zurdo. Y ningún otro animal, ni siquiera los chimpancés, muestra una preferencia de mano tan marcada y unidireccional como la especie humana.

Marcas que quedaron en los huesos

La evidencia más antigua no viene de encuestas ni de laboratorios, sino de fósiles. En una cueva de Irán, científicos analizaron los dientes de un neandertal que murió hace unos 130.000 años y encontraron pequeños rasguños oblicuos en los incisivos frontales. El origen: al limpiar pieles de animales con herramientas de piedra, sujetaban la piel con una mano y raspaban con la otra, y de vez en cuando la piedra resbalaba y arañaba el diente. La dirección de esos cortes revela qué mano sostenía la herramienta, y la respuesta se repite una y otra vez: la derecha. Un espécimen de Homo habilis, de hace casi dos millones de años, dejó marcas del mismo tipo. La preferencia por la mano derecha viene, literalmente, desde antes que nosotros.

También quedó registrada en el arte: en cuevas de Europa, Indonesia y Argentina, los pintores prehistóricos apoyaban una mano contra la roca y soplaban pigmento alrededor para dejar su contorno. La gran mayoría de esas siluetas corresponden a la mano izquierda, lo que indica que la mano que sostenía el tubo para soplar —la hábil, la firme— era la derecha.

Lo que dice la genética más reciente

Durante décadas se buscó «el gen de la zurdera» sin éxito, y ahora la ciencia entiende por qué: no existe un gen único. Un estudio publicado en 2024 en Nature Communications, que analizó información genética de más de 350.000 personas, encontró una asociación entre variantes raras del gen TUBB4B —involucrado en la formación de microtúbulos, la estructura que da forma a las células— y la preferencia por la mano izquierda. Esas variantes explican una fracción mínima de los casos, lo que confirma que se trata de un rasgo poligénico: intervienen muchos genes a la vez, además de factores del desarrollo prenatal.

En 2025, la investigadora Silvia Paracchini (Universidad de St Andrews) propuso un modelo que integra estos hallazgos: la zurdera funcionaría como un «umbral» al que contribuyen decenas de genes menores, no como una única instrucción genética. Esto explica un dato que intriga a los científicos hace tiempo: gemelos con ADN idéntico pueden tener manos dominantes distintas en uno de cada cuatro pares. La genética empuja, pero no decide sola.

Lo que sí es hereditario es la tendencia: si ninguno de tus padres es zurdo, tenés cerca de un 10% de probabilidad de serlo (el promedio mundial); si uno de los dos lo es, sube a 17%; si lo son ambos, ronda el 26%.

Un cerebro organizado distinto

La explicación más aceptada tiene que ver con el llamado «gen de desplazamiento» (right-shift factor): en la mayoría de las personas, tanto el lenguaje como la mano dominante se organizan en el hemisferio izquierdo del cerebro, en una zona conocida como área de Broca. Cuando ese mecanismo de desplazamiento no se activa con la misma fuerza, el cerebro no recibe una instrucción tan clara sobre qué lado debe dominar, y ahí aparece la posibilidad de ser zurdo. Dicho de otro modo: no existe «un gen para ser zurdo», sino más bien la ausencia de una instrucción tan rígida para ser diestro.

Esta organización distinta trae una particularidad interesante: en las personas zurdas, el lenguaje suele repartirse entre los dos hemisferios en lugar de concentrarse en uno solo. Según explicó a medios el investigador Diego Redolar (Universitat Oberta de Catalunya), esto puede ser una ventaja ante una lesión cerebral: si un hemisferio se daña, el otro tiene más capacidad de tomar la posta con el lenguaje, algo que en personas diestras —con el lenguaje más concentrado de un solo lado— es más difícil.

El equilibrio del 10%: la ventaja de ser raro

Hay una hipótesis evolutiva que explica por qué la cifra nunca escaló ni desapareció: la ventaja de la sorpresa. En deportes de enfrentamiento directo —boxeo, esgrima, tenis, artes marciales mixtas— los zurdos ganan más de lo que su proporción poblacional haría esperar. Un estudio de 2019 sobre miles de combates profesionales confirmó que los peleadores zurdos tienen mejores resultados que los diestros. La razón no es una habilidad superior: es que la mayoría entrena y compite contra diestros, así que sus reflejos están calibrados para ángulos y trayectorias que vienen del lado «equivocado» cuando aparece un zurdo.

Ese mismo mecanismo autolimita el crecimiento del grupo: si hubiera muchos más zurdos, la sorpresa dejaría de ser sorpresa y la ventaja se diluiría. Si hubiera muy pocos, la presión genética empujaría el número hacia arriba de nuevo. El resultado es un equilibrio evolutivo estable alrededor del 10%, que se rompe en actividades donde no hay un oponente directo: entre los mejores golfistas del mundo, por ejemplo, solo el 4% es zurdo, porque ahí no hay rival al que sorprender, sino un entorno —clubes, canchas, técnica— diseñado en torno a la mayoría diestra.

El mito que asustó a millones: ¿los zurdos viven menos?

A fines de los años 80, los psicólogos Diane Halpern y Stanley Coren publicaron en Nature un estudio que afirmaba que los zurdos vivían, en promedio, nueve años menos que los diestros. El dato circuló durante décadas y todavía aparece en internet. Es falso, y se sabe por qué: los investigadores no controlaron un sesgo clave. Su muestra incluía personas fallecidas en los años 80 y 90, es decir, nacidas en las primeras décadas del siglo XX, cuando a los niños zurdos se los obligaba sistemáticamente a escribir con la derecha. Eso generó una población de «zurdos verdaderos» cada vez más chica a medida que subía la edad, no porque murieran antes, sino porque los zurdos de generaciones mayores habían sido «convertidos» a la fuerza en diestros mucho antes. Estudios posteriores, con muestras mucho más grandes y sin ese sesgo —una investigación en la revista Laterality sobre 1,4 millones de personas—, no encontraron ninguna relación entre la mano dominante y la expectativa de vida.

Una historia de represión, no de elección

Durante siglos, en escuelas de Europa y América, ser zurdo se trató como un defecto a corregir: a los chicos les ataban la mano izquierda a la espalda o se la castigaban al escribir. En algunos países esa práctica siguió vigente hasta bien entrados los años 60. El propio idioma quedó marcado por ese prejuicio: en latín, «izquierda» es sinister, raíz de la palabra «siniestro»; en francés, gauche significa tanto «izquierda» como «torpe»; en español e inglés, en cambio, «derecho/right» se asocia con lo correcto. Hoy, en algunas culturas —partes de la India, Nepal o el mundo árabe— comer con la mano izquierda todavía genera rechazo social, y en Japón solo el 2% de la población se declara zurda, una cifra que sugiere que la presión cultural para «convertirse» en diestro sigue viva en ciertos lugares.

Zurdos que cambiaron la historia

La lista de personas zurdas ilustres es larga y cruza todos los terrenos: Leonardo da Vinci, Albert Einstein, Charles Darwin, Marie Curie, Isaac Newton, Napoleón Bonaparte, Mahatma Gandhi, Barack Obama (uno de ocho presidentes zurdos de Estados Unidos en el último siglo), Charles Chaplin, Jimi Hendrix y Brad Pitt, entre otros. En el deporte, el caso más cercano para un lector rioplatense es Lionel Messi, zurdo, y también lo fue Diego Maradona: dos de los mejores futbolistas de la historia compartiendo esa misma minoría del 10%.

¿Y si sos zurdo para escribir pero diestro para jugar al fútbol?

Pasa más seguido de lo que parece, y tiene nombre: lateralidad cruzada (o lateralidad mixta). La mano dominante es solo una de varias «preferencias de lado» que maneja el cerebro —mano, pie, ojo y oído—, y cada una se organiza de forma relativamente independiente durante el desarrollo. Cuando las cuatro coinciden del mismo lado, se habla de lateralidad homogénea (diestro puro o zurdo puro); cuando no coinciden —como en el caso de escribir con la izquierda y patear con la derecha—, es lateralidad cruzada.

No es un error ni un trastorno. Escribir es una habilidad motriz fina que se aprende por imitación y entrenamiento específico, mientras que patear depende más de la motricidad gruesa y el equilibrio, y suele fijarse por prueba y error con el pie que da más estabilidad para plantarse. Al no depender del mismo circuito cerebral, no hay ninguna razón para que mano y pie «elijan» el mismo lado. En un adulto sin dificultades de aprendizaje asociadas, es simplemente una variante normal de la lateralidad, sin ninguna implicancia en el rendimiento.

Preguntas frecuentes

¿Por qué solo el 10% de las personas son zurdas?
Porque la zurdera depende de decenas de genes que actúan como un umbral, no de un gen único, y porque en actividades de enfrentamiento directo (deportes de contacto) la rareza da una ventaja competitiva que se pierde si el grupo crece demasiado, lo que mantiene la cifra estable en torno al 10% desde hace milenios.

¿Es cierto que los zurdos viven menos años?
No. La idea surgió de un estudio de 1991 con una muestra sesgada por generaciones que fueron obligadas a escribir con la derecha. Estudios posteriores con muestras mucho mayores no encontraron ninguna diferencia real en la expectativa de vida.

¿La zurdera es hereditaria?
En parte. Si ambos padres son zurdos, la probabilidad de tener un hijo zurdo sube a cerca del 26%, frente al 10% de la población general, pero incluso gemelos idénticos pueden tener manos dominantes distintas, así que la genética no es el único factor.

¿Desde cuándo existen los zurdos?
Al menos desde hace 500.000 años. Marcas en dientes de neandertales y de Homo habilis muestran que la preferencia por una mano —mayoritariamente la derecha— es anterior al lenguaje y a la civilización.

Pablo Pena
Pablo Penahttp://www.pablopena.com
Digital Publisher y editor de Código News. Mi trabajo consiste en descubrir, documentar y compartir historias de personas, empresas y proyectos que merecen ser conocidos.

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